El violín que sobrevivió
Compartido por Familia Goldberg
Mi bisabuelo escondió el violín bajo el abrigo cuando salió de Varsovia en agosto de 1939. Tenía veinticuatro años. Tres semanas después, la frontera se cerraba para siempre.
Llegó a Buenos Aires sin papeles, sin familia y con un instrumento que pesaba más que el miedo. Pasó la primera noche en el puerto, abrazado al estuche, esperando que alguien lo reconociera.
Tocó en cafés de Once para sobrevivir el primer invierno austral. Cobraba en pan, en sopa, a veces en monedas. Aprendió tango escuchando, porque su violín solo sabía música clásica europea.
Cuatro generaciones después, su música sigue sonando en nuestra casa cada domingo. Mi hijo de nueve años está aprendiendo a tocar con ese mismo violín. Cuando afina las cuerdas, le digo: 'Esas cuerdas cruzaron un océano. Trátelas con respeto'.
¿Tu familia tiene una historia así?
No dejes que se pierda en el silencio.
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